Viejas Reglas, Nuevas Realidades: Cómo la política industrial está revolucionando el comercio mundial
A medida que los países replantean su política industrial para cumplir con los objetivos climáticos actuales, garantizar la seguridad de las cadenas de suministro y fomentar el desarrollo económico, están surgiendo roces con respecto a las normas de comercio de la Organización Mundial del Comercio (OMC), vigentes desde hace décadas. Satish Triplicane e Ieva Baršauskaitė examinan los diálogos informales y los debates estructurados en curso en la OMC, incluidos los Debates Estructurados sobre el Comercio y la Sostenibilidad Ambiental, y destacan el hecho de que la CM14 brinda un foro para compartir experiencias, abordar los nuevos retos de la política industrial y considerar posibles reformas para armonizar las normas de comercio mundial con las prioridades económicas y de sostenibilidad contemporáneas.
Recientemente, varios países han estado replanteando su política industrial. Estas iniciativas gubernamentales para dar forma o apoyar a determinados sectores, que antes se consideraban proteccionistas, resultan cada vez más esenciales para lograr la acción climática, garantizar las cadenas de suministro y satisfacer las necesidades energéticas, así como para desarrollar nuevas industrias y crear puestos de trabajo.
Cada economía elige las herramientas que mejor se adaptan a sus necesidades, pero a medida que estas políticas se afianzan globalmente, surgen preguntas clave: ¿Son compatibles los nuevos instrumentos de política industrial con las normas comerciales multilaterales existentes? Si no es así, ¿Qué cambios son necesarios? ¿Necesitan los países más o menos espacio para formular dichas normas? ¿Cómo encajan estos debates en el contexto más amplio de la reforma de la Organización Mundial del Comercio (OMC)?, y ¿Qué papel debe desempeñar la cooperación internacional en la configuración de la próxima generación de políticas industriales?
La OMC: Un sistema antiguo se enfrenta a nuevas realidades
El sistema comercial de la década de 1990 se vio caracterizado por el optimismo de un orden mundial liberalizador y reflejaba una firme creencia en el Consenso de Washington. Se partía del supuesto de que serían los mercados, y no los Gobiernos, los que impulsarían la eficiencia y el crecimiento, y se consideraba que las subvenciones, los requisitos de contenido local y la intervención estatal eran distorsiones, en lugar de ser instrumentos para llevar a cabo una transformación estructural. La atención se centraba en la reducción de aranceles y la ventaja comparativa, más que en el clima, la sostenibilidad y la resiliencia.
En 2026, la ambición climática ya no es un tema secundario en las negociaciones comerciales. La geopolítica vuelve a estar fracturada. Las prioridades se han desplazado hacia áreas como las cadenas de suministro y la seguridad nacional, la autonomía estratégica y la resiliencia industrial —a menudo a expensas de la ventaja comparativa. Al igual que Estados Unidos y la Unión Europea, China es una potencia industrial consolidada, seguida por otras economías emergentes del Sur Global.
Estas realidades en constante evolución están generando debates sobre la idoneidad del conjunto de normas multilaterales existentes con respecto a las necesidades de los instrumentos en materia de política industrial utilizados por los países, tales como subvenciones, requisitos de contenido local, restricciones a la exportación, aranceles y transferencia de tecnología. Cada una de estas medidas políticas plantea difíciles cuestiones de política.
Subvenciones: Las subvenciones son instrumentos importantes para el desarrollo industrial y la transformación verde, pero siguen estando limitadas por las normas de la OMC, que prohíben las subvenciones supeditadas a las exportaciones y basadas en el contenido local, y permiten impugnar las medidas que han demostrado tener efectos adversos para otros miembros. En la economía mundial del siglo XXI, que está experimentando una rápida evolución, algunos países se enfrentan a un difícil acto de equilibrio: desean aumentar el apoyo a la transformación verde o digital, pero al mismo tiempo evitar los riesgos de sobrecapacidad y las distorsiones comerciales en los mercados internacionales. Los países con un margen fiscal limitado se enfrentan a un reto diferente: buscan formas de apoyar a las industrias nacionales de importancia estratégica pero no saben cómo hacerlo sin incumplir las actuales disciplinas de la OMC. Tras la expiración del Artículo 8 del acuerdo sobre subvenciones de la OMC, la ausencia de disposiciones que reflejen las externalidades positivas de algunas subvenciones (como la mitigación del cambio climático y la reducción de la huella de carbono), ha llevado a algunos miembros a cuestionar si el marco actual de la OMC no debería hacer más para adaptarse a las prioridades industriales y climáticas modernas, por ejemplo, permitiendo un mayor espacio de política para determinadas subvenciones verdes.
Requisitos de contenido local: Estos requisitos obligan a las entidades a adquirir una determinada proporción de insumos (bienes, servicios o ambos) dentro del país que los exige. Si bien el objetivo suele ser promover la fabricación nacional, el desarrollo de capacidades en sectores estratégicos y la creación de puestos de trabajo, estas medidas no encajan bien en el marco actual de la OMC sobre trato nacional, inversiones y subvenciones, que restringe las preferencias por los insumos locales frente a los importados. Esta tensión ha suscitado debates sobre la eficacia de las normas vigentes para adaptarse a estas políticas, especialmente en el contexto de los esfuerzos por proteger a la industria local ante el aumento de los riesgos geopolíticos y que afectan a las cadenas de suministro.
Restricciones a la exportación: Los países utilizan restricciones a la exportación para limitar la salida de recursos esenciales, como productos agrícolas o minerales, con el fin de garantizar el suministro interno, evitar la escasez o gestionar las fluctuaciones de precios. Las normas de la OMC desalientan tales restricciones, ya que distorsionan el comercio y limitan indebidamente el acceso de otros países a los bienes, a menos que sean temporales y estén justificadas. A medida que más países con recursos abundantes recurren a las restricciones a la exportación para gestionar los riesgos relativos a las cadenas de suministro, las presiones geopolíticas y la carrera por la tecnología verde, la cuestión es si las normas de la OMC deben actualizarse para responder a las preocupaciones actuales sobre la resiliencia, la autonomía estratégica y el acceso equitativo a insumos esenciales, y de qué manera.
Aranceles de importación: Los miembros de la OMC han utilizado históricamente los aranceles por diversas razones, que van desde aumentar los ingresos fiscales hasta proteger a la industria nacional de la competencia extranjera. Las normas de la OMC permiten su uso, siempre que se mantengan dentro de los compromisos de cada miembro. Sin embargo, recientemente se han planteado dudas sobre el uso creciente de los aranceles en respuesta a la competencia mundial y las tensiones geopolíticas. Algunos países consideran que los límites arancelarios negociados hace tres décadas no les permiten responder a la realidad económica actual. Sin embargo, muchos otros valoran la previsibilidad que los tipos arancelarios consolidados aportan al sistema de comercio multilateral.
Transferencia de tecnología: La transferencia de tecnología es fundamental para que los países en desarrollo y los países menos adelantados impulsen la innovación nacional, fomenten las asociaciones de inversión extranjera a largo plazo y desarrollen capacidades locales, en lugar de seguir dependiendo de las importaciones. El debate sobre las formas más eficientes de transferir tecnología es casi tan antiguo como el concepto en sí mismo: las opciones posibles van desde la simple importación de bienes o servicios necesarios, hasta la exigencia a las empresas extranjeras de que compartan sus conocimientos, habilidades y/o propiedad intelectual con socios nacionales. Algunos países consideran que estos mandatos ejercen una presión injusta sobre las empresas extranjeras para que compartan sus conocimientos o su propiedad intelectual, lo que no solo puede entrar en conflicto con las normas de la OMC sobre la propiedad intelectual y la inversión, sino que también puede desalentar la innovación. Por otra parte, la simple adquisición de tecnología puede resultarles prohibitivamente cara a muchos países en desarrollo. Con la rápida evolución de las tecnologías verdes, las infraestructuras digitales y las innovaciones de punta, un lugar central en el debate sobre la política industrial de muchas economías en desarrollo es la cuestión de cómo la política comercial puede apoyar y proteger la innovación y, al mismo tiempo, garantizar el acceso equitativo a las tecnologías esenciales.
Próximos Pasos para Un Diálogo Multilateral
Los Gobiernos están lidiando con una serie de cuestiones sistémicas sobre la idoneidad de las normas diseñadas en una época económica diferente para la nueva era de políticas industriales destinadas a estimular la transición verde, la transformación digital y la resiliencia de la cadena de suministro. Una dimensión adicional importante de este debate es el hecho innegable de que los países no parten del mismo punto: en muchos países en desarrollo, los Gobiernos no tienen acceso a generosas ayudas fiscales ni a abundantes recursos naturales para impulsar sus economías. En este contexto, el debate multilateral sobre la política industrial ha cobrado renovado interés.
La OMC brinda un foro estructurado para que los miembros administren y debatan las normas comerciales existentes. Entre ellos se incluyen comités permanentes, cuyas funciones se limitan a la transparencia, la notificación y los debates sobre la aplicación de las disposiciones contenidas en acuerdos pertinentes, y el órgano de solución de diferencias, que ayuda a aclarar cómo se aplican las normas actuales. La elaboración formal o la modificación de las normas existentes requiere un mandato de negociación explícito de los miembros, y en la actualidad, no existe un mandato como tal para negociar nuevas normas que aborden las presiones que supone la política industrial moderna. Hasta ahora, el debate de los miembros de la OMC sobre la política industrial y su intersección con las normas comerciales se lleva a cabo a través de diálogos y debates estructurados, pero informales, de grupos más pequeños, en los que los miembros interesados intercambian información y exploran cuestiones de política emergentes.
Estos diálogos informales de la OMC se han centrado en diversos temas relativos a la política industrial, entre ellos el papel que desempeñan los bancos estatales y los fondos de inversión en la financiación de las políticas industriales, la relación entre la política industrial y la resiliencia de la cadena de suministro, el papel de las normas de la OMC, los retos en términos de transparencia y las disciplinas de la OMC en materia de subvenciones.
Otra iniciativa, los Debates Estructurados sobre el Comercio y la Sostenibilidad Ambiental (DECSA), aunque se centra en temas relacionados con el medio ambiente y el clima, también incluye un grupo de trabajo informal sobre subvenciones. En los últimos años, este grupo, abierto a la participación de las partes interesadas, ha estudiado los posibles efectos positivos y negativos de las subvenciones sobre el medio ambiente, así como sus impactos en el comercio. Los debates han abarcado diversos temas y sectores, como las subvenciones industriales verdes, las subvenciones relacionadas con minerales esenciales, las industrias de gran consumo de energía, el hidrogeno verde y las energías renovables y la transición hacia una economía baja en carbono. Los debates estructurados han servido como un foro para que los miembros compartan sus experiencias y prácticas, incluidos los elementos clave del diseño de sus programas y los retos a los que se enfrentan los países en desarrollo. Está previsto que en la 14a Conferencia Ministerial de la OMC (CM14) se presente un paquete sobre los DECSA que incluirá un Comunicado Ministerial de los Coorganizadores, un documento general para la CM14 y los documentos finales de los cuatro grupos de trabajo de los DECSA.
Por último, el proceso general de reforma de la OMC incluye una línea de trabajo centrada en el debate sobre la idoneidad de las normas de la OMC a la luz de las presiones a las que se enfrentan los Gobiernos. Si bien los debates en los foros mencionados no sustituyen al proceso formal de reforma, se están convirtiendo en un canal importante a través del cual los miembros pueden poner a prueba ideas, compartir información técnica, crear un entendimiento común sobre las cuestiones debatidas y, con el tiempo, contribuir a la consecución de resultados más formales.
Mirando hacia el Futuro
El resurgimiento de la política industrial ha puesto de manifiesto las crecientes tensiones entre el sistema de comercio basado en normas, que lleva décadas en vigencia, y los retos de la actual era caracterizada por múltiples crisis —en la que se entrecruzan los retos relativos al clima, la seguridad y el desarrollo.
Tanto los negociadores comerciales como las organizaciones de la sociedad civil participan activamente en el debate sobre la necesidad de que el marco de la OMC cambie para adaptarse y reflejar las externalidades positivas, abordar las asimetrías regulatorias y subsanar las limitaciones de capacidad a las que se enfrentan muchos países en desarrollo. Es posible que el intenso debate sobre la compatibilidad de muchos instrumentos contemporáneos con las normas comerciales multilaterales no haya llegado a una conclusión, pero muchos consideran que sus objetivos, diseño y escala podrían tener dificultades para adecuarse al marco existente.
Estos debates y discusiones sin resolver ilustran cómo los objetivos de la política industrial contemporánea están poniendo cada vez más a prueba los límites del marco existente de la OMC. En conjunto, los debates descriptos anteriormente apuntan a una incertidumbre persistente sobre la capacidad de las disciplinas existentes para adaptarse y equilibrar las prioridades de la política contemporánea, particularmente en áreas como la acción climática y el desarrollo económico. Como resultado, las preguntas sobre la idoneidad del sistema de comercio multilateral para abordar los desafíos de la política industrial moderna siguen abiertas dentro del debate más amplio sobre el futuro de la OMC.
La CM14 ofrece una oportunidad crucial para que los ministros faculten a sus delegados ante la OMC, probablemente en el contexto de la reforma de dicha organización, a continuar con esta importante labor, que es importante para el conjunto de los miembros. Los próximos pasos podrían centrarse en identificar los intereses y prioridades comunes para profundizar en su exploración y análisis antes de que el debate pase, eventualmente, a tratar cuestiones importantes sobre la necesidad de ajustar el marco jurídico. Es importante que este diálogo refleje las realidades y prioridades de los miembros en desarrollo y menos adelantados, tanto como las prioridades de las potencias grandes y medianas.
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