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Policy Analysis

MENA en la Encrucijada

Creciente exposición a turbulencias comerciales, aranceles y tensiones estratégicas

Aunque la exposición de los países de la región MENA a los aranceles de EE.UU. es limitada, Yara Aziz explica que la creciente vulnerabilidad de esta región ante los efectos indirectos, como la volatibilidad de los precios de la energía, la desviación del comercio de los mercados que están sujetos a dichos aranceles y las presiones inflacionarias. Países como Jordania corren el riesgo de que disminuya la demanda de EE.UU., mientras que Turquía puede ganar competitividad. La ubicación estratégica del Golfo y las inversiones en infraestructura digital ofrecen oportunidades de resiliencia. Sin embargo, la intensificación de la rivalidad entre EE.UU. y China y el creciente uso del comercio como un arma pueden poner a prueba la tradicional política de no alineación de MENA, forzando a la región a tomar difíciles decisiones geopolíticas y económicas.

Por Yara Aziz on 28 de julio 2025

La Neutralidad entre Estados Unidos y China puede estar bajo presión 

Aunque los efectos inmediatos de los aranceles generalizados de EE.UU. recaerán con mayor dureza sobre los principales países exportadores como China y la Unión Europea (UE), la región de Oriente Medio y el Norte de África (MENA, por sus siglas en inglés) no saldrá ilesa. Los impactos podrán retrasarse y en su mayoría serán indirectos, pero pondrán a prueba la resiliencia de la región el próximo año. 

A primera vista, la mayoría de las economías de la región MENA parecen estar aisladas. Estados Unidos no es un socio comercial importante para gran parte de la región. En promedio, sólo alrededor del 5% de las exportaciones de MENA se dirigen a Estados Unidos, y en su mayoría consisten en petróleo y gas, que suelen estar exentos de las medidas arancelarias. En el Golfo, la exposición directa es aún menor. Los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, por ejemplo, enviaron solo del 2% al 4% de sus exportaciones a Estados Unidos, y principalmente fueron hidrocarburos, que no están alcanzados por la cobertura arancelaria. Considerando estas cifras, parece poco probable que la región sufra perturbaciones inmediatas. 

Pero esta visión es engañosa. Las políticas comerciales de semejante envergadura raramente pueden mantenerse aisladas. El proteccionismo global afecta las cadenas de suministro, desvía los flujos de inversión y genera incertidumbre en los mercados, repercutiendo mucho más allá de los mercados directamente involucrados. Las economías MENA, sobre todo las que dependen en gran medida de los hidrocarburos y el capital global, son extremadamente sensibles a estos efectos secundarios. 

Precios de la Energía y Desviación del Comercio 

Los mercados del petróleo son particularmente vulnerables. Un conflicto comercial sostenido entre las principales economías podría significar un peso para las expectativas del crecimiento global y presionar a la baja los precios de la energía. 

Este riesgo ya no es solo teórico: según la actualización de mayo del Fondo Monetario Internacional, el crecimiento regional bajó al 2,6%, en parte debido a estos efectos indirectos. Para los Estados del Golfo, esto supone una presión fiscal inmediata. Arabia Saudita, que está en el centro de los esfuerzos de transformación económica de la región, depende en gran medida de los ingresos por exportaciones de petróleo para financiar proyectos de capital y mantener la estabilidad macroeconómica. Una caída de los precios complica la ejecución del presupuesto, ralentiza la entrega de proyectos y aumenta la presión sobre las finanzas públicas. El impacto en economías más pequeñas y vulnerables, como las de Bahréin u Omán, sería aún más pronunciado. 

A estos retos se suma la creciente inestabilidad en el Golfo. La escalada de junio del conflicto entre Israel e Irán ha disparado los precios del crudo Brent por encima de USD 80 por barril. Casi una quinta parte del petróleo mundial pasa a través del estrecho de Ormuz, por lo que cualquier interrupción conmocionaría las cadenas de suministro mundiales. A corto plazo, los exportadores de petróleo podrían beneficiarse de mayores ingresos, pero una mayor volatibilidad complicaría la planificación fiscal y la financiación de proyectos. Los importadores de petróleo, por su parte, se enfrentan a presiones inflacionarias, desequilibrios comerciales y un incremento de la carga en materia de subvenciones. 

También hay riesgo de desviación del comercio. Cuando grandes mercados, como Estados Unidos, suben los aranceles, los exportadores buscan mercados alternativos para determinados productos. Las regiones con regímenes comerciales abiertos y pocas restricciones, como el Consejo de Cooperación del Golfo, pueden ser objetivos obvios. Según Simon Evenett, esto no ocurrirá de forma generalizada. Es poco probable que productos tales como los automóviles y la electrónica, por ejemplo, sufran desviaciones significativas hacia los mercados del Golfo. En cambio, el principal riesgo se sitúa en aquellos sectores donde los productores chinos tienen exceso de oferta y márgenes estrechos, como el acero y el aluminio. Para los mercados del Golfo, esto significa que las industrias locales en estos sectores podrían seguir sufriendo la presión en los precios y una competencia más dura por las importaciones baratas. 

Esta práctica, a menudo denominada dumping, no es nueva. La región ya la experimentó en 2017 cuando el acero chino, bloqueado en Estados Unidos y la UE, se abrió paso en los mercados del Golfo y perjudicó a los productores locales. Existe el riesgo de que la historia se repita, esta vez en una amplia gama de sectores. Moody's ya ha señalado que la exposición de la región MENA a los aranceles de EE.UU. sigue siendo mayormente indirecta, ligada a la volatibilidad general del mercado y a perturbaciones del mercado mundial. 

Algunos Países Se Verán Más Afectados que Otros 

Si bien la exposición de la región MENA es limitada, algunos países se encuentran más expuestos. Jordania, por ejemplo, envía más de una cuarta parte de sus exportaciones a Estados Unidos, la mayor parte de las cuales son prendas de vestir. Los nuevos aranceles podrían socavar la ventaja competitiva que poseen los productores jordanos, reduciendo las órdenes de compra y poniendo en peligro el empleo en sectores dependientes de las exportaciones. 

En el otro extremo del espectro, Turquía podría encontrar algunas ventajas. Los aranceles de EE.UU. a los productos de la UE y China podrían tornar los productos turcos, como los textiles, más competitivos en el mercado americano. Los textiles y la maquinaria juntos ya representan más del 15% de las ventas de Turquía a los compradores de EE.UU., por lo que cualquier ventaja cuenta. Dado que los productos textiles turcos están sujetos a un arancel del 10% mientras que los productores chinos y de la UE están sujetos a aranceles más elevados, los fabricantes turcos podrían obtener una ventaja. Esto, combinado con la posibilidad de profundizar los vínculos con la UE, implica que Turquía podría posicionarse más favorablemente, al menos a corto plazo. 

Marruecos, un importador neto, podría beneficiarse de precios mundiales más bajos para importaciones clave como maquinaria y productos manufacturados si las tensiones comerciales provocan que el exceso de oferta de China y Europa sea redirigido a precios rebajados. Sin embargo, esto podría contrarrestarse si esas mismas tensiones comerciales deprimen la demanda mundial de exportaciones marroquíes, como fosfatos y fertilizantes. 

Al mismo tiempo, las presiones inflacionarias en EE.UU. están aumentando. La Reserva Federal de EE.UU. mantuvo estables los tipos de interés en junio pero señaló una inflación persistente, impulsada en parte por medidas proteccionistas. Para las economías de la región MENA, muchas de las cuales vinculan sus monedas al dólar estadounidense, esto significa un menor margen de maniobra de la política monetaria y mayores costos de importación, lo que añade presión tanto sobre los consumidores como sobre los presupuestos. 

Oportunidades Derivadas de la Perturbación 

Sin embargo, este período de perturbaciones también podría traer consigo oportunidades. La geografía del Golfo la ha posicionado por mucho tiempo como un importante centro de comercio mundial, que se remonta a la antigua Ruta de la Seda, por donde circulaban productos, cultura y capital entre Asia, África y Europa. Ese legado sigue determinando su posición actual. A medida que las rutas comerciales comienzan a modificarse de nuevo, la ubicación estratégica de la región vuelve a ser una fortaleza. 

La visita del presidente Donald Trump a Arabia Saudita, Qatar y los EAU en mayo de 2025 fue un recordatorio de la creciente importancia estratégica de la región en el contexto de la diplomacia económica de EE.UU. Si bien no se firmaron grandes acuerdos comerciales, la visita incluyó promesas de inversión y conversaciones para profundizar las asociaciones bilaterales. Para los Estados del Golfo, esto refuerza una tendencia hacia la celebración de acuerdos transaccionales bilaterales, posiblemente por fuera de marcos multilaterales, y plantea interrogantes sobre la alineación a largo plazo a medida que la competencia entre EE.UU. y China se intensifica. Cada vez hay más posibilidades de profundizar el comercio intrarregional, mejorar los vínculos con los mercados emergentes de África subsahariana y el Sur de Asia y expandir las relaciones comerciales con la India. Estos cambios no solo abren nuevos mercados para los exportadores del Golfo sino también ofrecen vías para aumentar la resiliencia. 

Además, el comercio ya no solo se trata de mercancías. La región está invirtiendo cada vez más en infraestructura digital, logística y sistemas de pago alternativos que pueden reducir la dependencia sobre los canales financieros tradicionales. Estos avances podrían ayudar a mitigar las perturbaciones externas y permitir un posicionamiento económico más autónomo. 

Punto de Inflexión de la Región MENA 

En conjunto, estas dinámicas sugieren que la región que no sentirá el fuerte impacto inicial de los aranceles de EE.UU. La exposición de MENA no radica en los volúmenes de comercio directo, sino en la fragilidad del entorno global que sostiene sus economías. El Consejo de Cooperación del Golfo se encuentra en una posición inestable. Hasta el momento ha mantenido un cuidadoso equilibrio, estrechando lazos tanto con Washington como con Pekín y evitando, al mismo tiempo, una alineación tajante. Pero a medida que el sistema de comercio mundial se vuelve más fracturado y escalan las tensiones regionales, esa no alineación puede verse sometida a una presión creciente. 

La exposición de MENA no radica en los volúmenes de comercio directo, sino en la fragilidad del entorno global que sostiene sus economías.

 

La cuestión de si este equilibrio puede mantenerse es una pregunta abierta. A medida que el comercio se convierte en un arma y las preocupaciones de seguridad influyen cada vez más en la política económica, será difícil de mantener la estrategia de no alineación de la región MENA. Sin embargo, la región no solo está expuesta, sino que también se encuentra estratégicamente posicionada. Si los líderes políticos pueden responder con agilidad, profundizar los vínculos regionales e invertir en herramientas económicas más autónomas, la región MENA no solo podría demostrar resiliencia, sino también en una posición más relevante que nunca a nivel global. 


Este artículo es una versión actualizada de un artículo publicado originalmente por OMFIF y nuevamente publicado por el International Institute for Sustainable Development con permiso de la organización. 

Yara Aziz es Economista Senior del Economic and Monetary Policy Institute de OMFIF.

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